dic 152014
 

Muchas mujeres se preguntan que se siente en un parto sin epidural. Es difícil expresarlo con palabras porque los sentimientos que pasan por tu cuerpo son tan sobrenaturales que no hay conceptos con esa magnitud para describirlos.

Como siempre escribo, cada parto y cada mujer es única y lo vive de una manera diferente. Durante el parto plasmará su personalidad y sus miedos, sus alegrías y sus fantasmas. Pero leyendo muchos relatos de madres que te escriben después de su parto y añadiendo una chispita de mi experiencia personal voy a intentar reflejar con varias ideas representativas, aspectos comunes de un parto sin epidural.

Parir es dar permiso. Dar permiso a que la naturaleza actúe, porque está por encima de ti. Someter tu voluntad a lo que es más grande que tú. Que es el milagro de nacer. Una fuerza que está más allá de la comprensión humana. Eres esclava de tu cuerpo, y debes darle permiso para que actúe como sabe:…”el parto consiste en desaprender ciertos hábitos, aprender a confiar en mi propio instinto y saber soltarse, a no hacer nada, dejar que pase, no poner resistencia y dejar que mi parte animal salga a la luz”.

El dolor es tan impresionante y animal que es indescriptible. Nunca lo has sentido, nunca lo volverás a sentir. Es imposible de describir. Se olvida. Pero la sensación de magnitud se queda contigo para siempre: … “Ahora entiendo el significado de ese dolor… me ayudó a despedirme de ti durante estos nueve meses, me ayudo a saber la magnitud de lo que estaba pasando, me ayudó a enamorarme de ti, me ayudó a creer en mí, a autoafirmarme, a crecer como persona”.

La misma magnitud que tiene el dolor la tiene la confianza en ti misma que aparece después de realizar tu tremenda hazaña. Y esa confianza te acompañará en todos los momentos de tu vida, en todas las crisis, en todos los duelos. Serás capaz de todo, porque fuiste capaz:…“Para mí, tu parto continua siendo la experiencia más profunda de mi vida. Ya se han curado las heridas físicas, y el recuerdo del intenso dolor ha desaparecido. Pero se ha quedado conmigo la fuerza con la que afronté ese día. Esa fuerza que ahora me ayuda a afrontar todas las crisis de mi vida… Confiar en la vida, en que las cosas van a ir bien… CONFIAR…que es lo único, y lo más difícil que puede hacer una madre.”

La soledad que sientes es abrumadora. Sabes que a pesar de estar rodeada de personas queridas, esa montaña solo la escalaras tú. Es como asomarse al precipicio de tu destino: …“El parto es un profundo viaje interior, una transición, una travesía que en un momento dado cada mujer debe realizar sola, por muy acompañada y sostenida que esté. Siempre hay un punto en el que eres tú y tu dolor, tú frente a tus miedos, tú frente a tus ganas de escapar, tú frente a tu dificultad para dejarte llevar, para dejar de controlar, para abandonarte y confiar”.

El parto sin epidural no se disfruta…simplemente se vive. ¿Alguien puede disfrutar de la sensación de partirse en dos?… El aro de fuego. De preguntarse continuamente por qué tenemos coxis…inútil, doloroso…La mujer que esta sin la epidural te dirá muchas veces que no puede más, que se rinde, que quiere parar. No le ofrezcas el espejo, no lo querrá. Solo deseará terminar: “¿Cómo voy a poder?…DIOS, NO VOY A PODER…pero finalmente llegó la siguiente contracción…empuje tan fuerte que sentí partirme en dos, me partía…ardía, ARDIA… Pero afortunadamente todo paso en un instante, y al ver tu cuerpecito salir de mi no puedo explicar que sensación tan increíble y tan grande sentí. Nunca antes me había sentido tan viva. Eras un milagro en forma de bebé. Te pude abrazar, ya estabas aquí, mi bebé. Lo había conseguido.”

Los buenos acompañantes del parto son los que te acompañan sin juzgar, no te hacen pequeñita, no se compadecen de ti. Ellos tienen una gran responsabilidad en un parto, ya que deben dar permiso a la mujer para que exprese, que grite. QUE GRITE desde lo más profundo de su alma. El instinto se agudiza de tal manera que sabes lo que necesitas y lo que no, a quien quieres contigo en ese momento. Es una gran responsabilidad porque esas personas deben estar a la altura: …”Ellas me dieron libertad para poder dejarme llevar. Ese día hice lo que dictó mi corazón y nada más. Es maravilloso el poder tener un momento en la vida en que todo está permitido, sin ninguna restricción, ni norma social.”

Es entonces cuando te enamoras de tu matrona. Después le escribirás, le contarás lo que has vivido, cuánto le debes: “Aún recuerdo un momento durante el parto en el que abrí los ojos extasiada por mis contracciones y os vi allí sentadas junto a mí como ángeles guardianes, esperando, dándome permiso”. La querrás para siempre.
Os querré para siempre. Gracias.

“Eso es el aprendizaje. Usted entiende algo de repente y entiende toda su vida pero de una forma nueva.” Doris Lessing.

  16 comentarios en “Un parto sin epidural”

  1. Hola Ana,
    No sabes lo mucho que te agradezco esta entrada.
    Yo pari en el HRJC el pasado 22, soy esa chica que eligió el hospital tras descubrir tu pagina, me ayudaste por la mañana tras una bajada de tensión te acuerdas?? Te sentaste un ratito conmigo a hablar.

    Te agradezco esta entrada porque el dolor no me dejó disfrutar del parto. Conozco muchos testimonios en los que se disfruta el parto y tenía la sensacion de haberme perdido algo.
    Recuerdo gritar que para qué tenemos coxis, inútil y doloroso.
    Cuando mi chico me decia lo bien que lo estaba haciendo, recuerdo decirle ‘pero no ves que no hago nada?? Que soy esclava de mi cuerpo??’ Me ha impresionado que hayas usado exactamente las mismas frases y quizas despues de todo no me he perdido algo: si asi es, asi lo vivi yo tambien.

    A pesar de que no fueras mi matrona te recuerdo con mucho cariño por ese ratito de charla en un momento tan oxitocinico. Y a tu compañera que luego subió a verme a planta a ver que tal iba la lactancia solo que ella no se como se llama. Me gustaría compartir contigo mi relato de paRto ya me diras si te lo puedo enviar a alguna parte.

    Un abrazo grande!!

    • Mil gracias por tu comentario Elena. Efectivamente el dolor es tan impresionante que la sensación que te queda es que no disfrutas del parto. ¿Quien puede disfrutar del dolor?
      Sin embargo yo no hablaría de disfrutar, yo lo definiria como “La gran lección del parto” ya que todo lo que aprendiste ese día se queda contigo para siempre.
      Ese valor que nos mostraste, saldrá en todas las crisis de tu vida. Y te hará afrontarlas con total entereza. Elena, te tienes que sentir orgullosa por haber demostrado esa valentia y fuerza. Unos sentimientos que te van a acompañar absolutamente en toda tu vida. Confia en ti misma siempre, como lo hiciste ese día.

  2. Me gustaría contar que también se viven partos sin epidural y sin dolor. E incluso partos placenteros, muy placenteros donde no solo no hay dolor, sino placer sexual. He tenido la experiencia personal de parir sin dolor a dos de mis tres hijos. El primero, en un parto con placer y el último, en un parto sin dolor, aunque con cierta molestia (que no era dolor, sino más bien sensación de presión o incomodidad en la última parte de la dilatación).
    En mi primer parto, hospitalario, me di cuenta que estaba de parto porque me lo dijeron. No sentía ningún tipo de dolor y llegué al hospital con 9 centímetros. Expulsivo de 10 minutos. Entré a la sala de partos a las 7:30 y a las 8 estaba mi bebé fuera.
    En mi tercer parto, en casa, mi matrona llegó al expulsivo, cuando ya me encontraba en completa. 6 minutos de expulsivo y solo dos pujos. Pasaron solo dos horas desde que me di cuenta de que estaba de parto hasta tener a mi bebé en brazos. Durante ese tiempo, tuve también a una doula que me acompañó con su presencia y ánimo. También mi marido e hijas, todos atentos a mis necesidades.
    No creo que la diferencia sea exclusivamente cuestión de suerte, sino más bien el tipo de atención recibida, la información ofrecida, el acompañamiento continuo, la libertad de movimientos, el poder estar con las personas que yo elegí que me acompañasen, etc.

    Mi segundo parto fue en España. Fue un parto corto, pero no sentí que se hayan respetado mis decisiones. Fue el único parto en el que me pusieron epidural (y con la oxitocina puesta creo que no hay forma de no pedirla… el dolor es insoportable) y no creo haber pasado más dolor y más necesidad de apoyo en mi vida. No me dejaron moverme, me tumbaron y no fui libre. Creo que parir sin epidural puede ser muy llevadero si conociésemos que existen otras muchas formas de aminorar el dolor o las molestias, pero nadie nos ofrece mucho más que la epidural, así que no podemos elegir.
    Lo bueno es que poco a poco cada vez más hospitales están haciendo las cosas de otra manera.
    Un saludo.

  3. […] Experiencias sobre partos sin epidural relatadas por una matrona, aquí. […]

  4. Te agradezco esta bella descripcion del parto natural y comparto mucho de lo que dices, pero hay unos puntos sobre los que quiero compartir otra vision. En cuanto a “el parto no se disfruta” aunque desafortunadamente a veces es asi no tiene porque serlo, aun con dolor e intensidad se puede disfrutar, sobre todo con buena preparacion, confiaza y cuidados. Tampoco deberia sentirse una mujer que se parte, algo no fluye. Yo he tenido dos partos, uno con cuidados malos y sufri, y aun asi fue lo mas cercano a Dios que he estado. Y el otro intenso y placentero, acompañada por quien me rodeaba y por Dios y todas las almas de mujeres que han dado a luz y no me senti sola. Tambien he acompañado muchos partos y muchos partos fueron placenteros! Asi que se que mi caso no es aislado, y tambien lo explica la mujer en el comentario anterior. Gracias por compartir, espero que puedas añadir este punto de vista a los puntos anteriores, el parto si se puede disfrutar.

  5. Gracias por estas palabras, yo me siento al 100% indentificada. Los mis 2 partos a sido natural, sin epidural. Y lo volvería ser. Besos.

  6. Qué bien escrito! Y qué bien descrito!

    Para las que hemos parido, un bonito recuerdo. Para las que aun no, una excelente preparación.

    Yo había oído eso de que cuando no puedes mas, cuando estás al límite, entonces ya ha terminado y llega lo mejor, tu bebé y todo el dolor se olvida y queda esa sensación de plenitud y grandeza que somos tan afortunadas de poder vivir.

    También estuviste en mi parto, María. Y os recuerdo como a esos ángeles que describes, a Miriam y a ti, animándome cuando mas lo necesité.

    Un beso a las dos.

    • Gracias Esther por tus palabras, y gracías por hablar así de tus matronas. Es el mejor regalo que nos pueden hacer en la vida, una madré feliz.

  7. Hola Ana:

    Quedamos en escribirte antes pero estos tres meses de Jorge con los cólicos…

    Tienes toda la razón con tus palabras, fuisteis mis ángeles guardianes y nunca olvidaré esa imagen en la cama de monitores dando a luz. Fue muy rápido pero conseguisteis darme toda la tranquilidad que necesitaba en ese momento, vosotras y la mano en la frente de mi marido.

    Toda la fuerza la debía poner yo y aunque, como bien dices, crees en muchas ocasiones que no puedes continuar, ¡claro que puedes!

    He tenido también un parto con epidural, cuando tuve a mi niña Alma, y también fue muy bien, mucho más tranquila claro. La verdad es que en las dos ocasiones os habéis portado fenomenal con nosotros.

    Os enviamos un beso enorme, a ti y al equipo de maternidad del HRJC.

  8. Hola ana!!! Aun no había entrado en tu blog, no tengo perdón!
    No sé si te llegó pero di a luz el 30 de agosto. Sin epidural porque no dio tiempo. Estuvieron Lourdes y Ángela la auxiliar.
    Quería aportar varias cosas.
    Yo soy pediatra, ya sabes. Tengo una visión más práctica y efectivamente diría que tengo una mente abierta pero probablemente me falta mucho para sentir completa libertad para expresarme y conocerme.
    Recuerdo que en la clase de canto para aliviar el dolor en el parto me costaba “soltarme”.
    No fue así en mi parto! Me solté pero bien!
    Recuerdo que me preguntaste, “blanca, qué tipo de parto quieres?” Y yo me quedé un poco bloqueada. Respondí ” pues uno en el que vaya todo bien! ” y añadí que estaba abierta a ver cómo me sentía y sobre la marcha optaría o no por epidural o por usar la bañera….
    ¿Y qué pasó? Qué no tuve elección. Yo fui con la tranquilidad de saber que iba a ir todo bien, sabiendo que yo ya había hecho esto y que podía y que estaba en buenas manos porque confío en vosotras. Pero en realidad nunca me mentalicé para parir sin epidural. En mi cabeza era ” no tengo que demostrarme nada. Voy a ver si tolero el dolor y si no, con epidural como con Dani. No se me caen los anillos”. Siempre pensé que iba a tener la opción.
    Y cuando empezó a ir todo tan rápido, el dolor era algo tan intenso, mucho más de lo que recordaba con Dani en la fase pre-epidural que deseé la epidural con todas mis fuerzas. Y canté. De camino al hospital era un mero murmullo gutural. Como un “ohm” para concentrarme. Para cuando Lourdes me pasó a la dilatación ya era un “aaa” fuerte, desgarrador y mantenido. Alto. Muy alto. Mi marido estaba aterrado de verme sufrir pero me dejaba. No intentó “callarme”. Y yo respiraba x la boca y espiraba con un “aaaa” que debía oírse hasta en quirófano!
    Así que para mi sorpresa sí fui capaz de soltarme. Estaba centrada en mi y me daba absolutamente igual lo que pensara nadie. Estaba lúcida para poder comentar entre contracciones (apenas un minuto de descanso entr una y otra): “¿pero quién querría parir sin epidural?”. Ay. Eso era minutos antes de comprender que “me había tocado”. Que estaba la anestesista y es que no había tiempo material entre una contracción y la siguiente para pincharme. Ahí lo empecé a entender. Y en realidad Ángelae lo iba dejando caer…. me dije, ” yo puedo” pero estaba aterrada. Y cuando Lourdes me preguntó :” blanca¿quieres empujar?” Lo comprendí. Y mis palabras textuales fueron ” no me digas eso x Dios” porque he visto muchos expulsivos, y no sabia cuál me iba a tocar y sentí desesperacion al pensar que no sabia cuánto tiempo más de ese dolor me quedaba. Esto lo sentí. Pero Lourdes me dijo que respirara y empujara. Y concentré todos mis esfuerzos en eso y en dejar de lado mi miedo y me puse. A saco. Yo iba a sacar a mi bebé como fuera. Y fueron tres pujos. Literal.
    Y después, alivio, emoción indescriptible….. Y gratitud. Infinita. A Lourdes y Angela. Es verdad. Sentí que estuvieron ahí conmigo. Que respetaron mi deseo inicial de epidural e hicieron todo lo posible para intentar ponérmela porque es lo que yo quería pero no pudo ser. Qué compartieron mi estrés pero supieron transmitirme calma. Hicieron su trabajo. Pero este trabajo es mucho más que seguir bien los pasos técnicos. La humanidad y la empatía son cualidades que no todo el mundo tiene. Por supuesto a toro pasado me inundó esa “vergüenza” y me lié a pedir perdón por los gritos que había dado!!!

    Y en los días siguientes cuando la gente me preguntaba, yo no quería regodearme en lo muchísimo que me dolió pero es cierto que era lo que recordaba. Pero ahora, con distancia, veo que sí,me dolió mucho, pero me solté. Grité cómo necesité. Y efectivamente estoy muy orgullosa de mi misma. Vale que no me quedaba otra, nadie iba a parir a Eva por mi, pero pude desesperarme y bloquearme y perder el control y no.
    ¿Si lo volvería a hacer así? No lo sè la verdad, lo que sí sé es que si tengo un tercero y por lo que sea, decisión mía o destino, no puedo optar a la epidural, sabré que puedo hacerlo.
    Un besazo enorme!!!

  9. que guapo¡¡¡ mis dos partos fueron sin, y hasta que leí esto todavía tenía sentimientos sin identificar, y este artículo les pone palabras… me encantó¡¡¡

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