jul 272015
 

Me decía María, mi maestra de yoga, que el dolor solo es una sensación entre una multitud. No hay que quedarse anclado en él para no perderse la belleza de las otras.

Por eso, Olivia, cuando el celador nos llevó a papá y a mí a la habitación de Los Elefantes, me sentí contenta pensando que era un lugar alegre, decorado con lindos dibujos y vivos colores para darte la bienvenida. Había dolor, sí, pero también una inmensa emoción. Estabas de camino.

Y aunque no era la fecha determinada por los médicos hijita, decidiste adelantar tu llegada.

Papá, tú y yo tuvimos la suerte de estar guiados, asistidos y acompañados por una matrona maravillosa. Porque Ana no demostró ser solo una gran profesional, con una vocación que le asomaba por cada poro. Demostró una sensibilidad y un respeto inmenso hacia nosotros. No la voy a olvidar nunca. Tampoco a la auxiliar que le ayudaba, de la que no recuerdo el nombre, pero sí recuerdo su mirada dulce. Su cara de buena persona.

Tú empujabas mi amor, querías asomar al mundo y yo lo hice lo mejor que supe y pude para, después de un inolvidable parto, tenerte en mis brazos.

Fue una fiesta de lágrimas e intensas emociones verte salir mi pequeña. El gran espejo que Ana colocó delante de la cama me permitió no perderme ni un solo detalle.
Y cuando te tumbó encima de mi pecho nuestros latidos fueron uno. Suave, calentita, pegajosa. Nos estábamos tocando mi pequeña, mi bebé. La vida había decidido premiarme de nuevo.

La habitación de Los Elefantes ya estaba preparada para tu llegada.

No siempre las cosas acontecen como a uno le gustaría. De la habitación donde naciste te llevaron a Neonatología dentro de una incubadora, que a mí más bien me parecía una nave espacial.

No sabían lo que te pasaba mi amor. Detectaron por el azulado color de tu piel, que algo no iba bien. Había que hacer pruebas. Y lo que finalmente fue un mal cambio del líquido amniótico por el aire, supuso para papá y para mí un jarro de agua fría. De repente miedo. Tristeza. Dolor.

El paso por Neonatología fue, pasado el gran susto, una grata experiencia. Te daban con cariño los cuidados que necesitabas. En todo momento nos informaban de la mínima mejora. Y día a día los cambios eran a mejor.

Durante aquella semana papá y yo hicimos guardia para estar a tu vera. Yo de día y él de noche. Quisimos que te llegara nuestro amor infinito.

Recuerdo de aquella unidad el silencio, la tranquilidad y el no parar de las enfermeras que no descuidaban ni un segundo la atención a las máquinas que a veces pitaban. Respuesta inmediata y dulzura en el trato. Educadas y atentas. Lo mismo sentimos con Gonzalo, neonatólogo, la pediatra, con todos!! Qué agradecidos salimos de allí mi bebota!

Una semana después de tu ingreso, el día quince de Mayo del año pasado abandonábamos Neonatología agradecidos y felices. Comenzaba nuestra vida en familia. Tu hermanita esperaba tu llegada. Todos te esperaban.

Cuando crezcas mamá te contará un lindo cuento. El cuento de “Los Elefantes”.

elefantes

  8 comentarios en “Los Elefantes”

  1. Precioso cuento!!
    Y es un placer formar parte del equipo de enfermería de neonatologia del que tan buen recuerdo guardais.
    Gracias a vosotros por confiarnos lo más importante y valioso de vuestras vidas, vuestro bebé!

    Fdo: Enfermera de Neonatologia HRJC

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