Ana Martín

Soy Matrona del Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles. Aparte del Título de Enfermera Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona), soy Licencia en Antropología Social y Cultural por la Universidad Complutense de Madrid donde también he realizado los Máster Oficiales de Postgrado "Investigación y Cuidados" de la Facultad de Enfermería, y "Mujer y Salud" de la Facultad de Psicología. Actualmente me encuentro desarrollando mi Doctorado sobre "Ansiedad y Maternidad".

jun 022017
 

Ya es poco frecuente en nuestra sociedad un primer parto sin que la mujer elija usar la analgesia epidural. Creo que podría deberse a múltiples causas: los tiempos de parto, el miedo a lo desconocido, el no saber cómo me voy a encontrar en esta situación en la que nunca he estado, si podré convivir o no con el dolor, o el sentido instrumental que le da cada mujer al dolor del parto.

El primer parto es biológicamente más largo que los restantes, y esto hace que se necesite un periodo más extenso de contracciones uterinas y modificaciones corporales, y en consecuencia un mayor riesgo de complicaciones clínicas. Además, la segunda fase del parto, el expulsivo, es también más prolongada que en los sucesivos nacimientos, por lo que el tiempo de contracciones intensas, característico de esta fase también es mayor. Supongo que estos y muchos factores más, contribuyen a que resulte muy poco frecuente para las matronas acompañar y asistir primeros partos en los que la mujer opte por elección no hacer uso de la analgesia epidural.

Ayer fue uno de esos días para mí como matrona, poder tener la oportunidad de atender a una mujer que libremente opta por no hacer uso de la epidural en su primer parto. Llevo ya diez años en esta profesión, y reconozco que me siguen impresionando enormemente este tipo de partos, valientes, duros, intensos, no dirigidos, donde se convive con el dolor de una manera tan íntima y prolongada.

En muchos momentos, la mujer te dice, ¿dónde me he metido? Y tú como matrona quieres que también finalice. Porque implica una gran responsabilidad, estar presenciando el dolor en estado puro, y no sólo cuando el parto va clínicamente bien, sino también cuando se puede complicar en esa etapa más sensible que es el expulsivo.

Ese aro de fuego, donde las mujeres sentimos que nos partimos en dos, que dura cuatro contracciones, no una, como en los siguientes partos, cuatro, o cinco… eternas. Un dolor desgarrador, intenso, con el que al principio puedes convivir, pero luego se convierte en un océano inmenso y profundo, en soledad, en el que sientes un intenso miedo del que sólo puedes escapar tu sola, con tu valor. Eso es lo que te enseña, el valor, la fuerza que tienes dentro. Un dolor emancipador, una experiencia sobrenatural.

Y finaliza por fin, y se escapan las lagrimas, lo ha conseguido, lo hemos conseguido, también yo como profesional, luchar contra mi propios juicios de valor sobre el dolor. Porque últimamente tengo la convicción, a medida que estudio, observo e investigo sobre el dolor en el parto, que el problema de la convivencia con el dolor en el parto, está más en los profesionales que en las propias mujeres.

Gracias Marcela, por ayudarme con tu fuerza y valor biológicos a poder enfrentarme a mis juicios y debilidades como profesional ante el dolor. Gracias por sacar también todo mi valor.

may 292017
 

El equipo de matronas os damos la bienvenida a nuestro Hospital Rey Juan Carlos con motivo de la celebración la Semana Mundial del Parto y Nacimiento respetado 2017, con un encuentro para las familias el día 31 de Mayo a las 9:30H.

Este encuentro quiere ser un estímulo hacia la búsqueda de una mejor asistencia al parto en Madrid. Teniendo como ejes fundamentales: el protagonismo de la mujer durante su parto; la toma de decisiones; su opinión y sus expectativas hacia el nacimiento.

A través de las distintas ponencias se expondrán todos los proyectos de las principales Asociaciones y recursos que disponen las mujeres dentro de la Comunidad. Las cuales trabajan por y para la mujer, ofreciendo recursos, información, redes y soporte para las madres y su entorno, tanto en el momento del embarazo, nacimiento y crianza.

Díptico jornadas parto respetado 2017

mar 302017
 

Rondan las 40 semanas y los sentimientos que genera La Espera están muy presentes. Todas las conversaciones se centran en el gran momento, incierto, excitante, optimista, único. Si la maternidad va de no poder controlar casi nada, y sólo confiar en que las cosas irán bien, la “Dulce espera” es el símbolo cumbre de este rito de paso.

¿Cómo empezará el parto? ¿Mi marido estará trabajando? ¿Quién se quedarán con mi hijo? ¿Qué haré después con mis criaturas? ¿Cómo me enfrentaré al dolor? ¿Cómo será la carita de mi bebé? ¿Qué personalidad tendrá?…inmersa en un océano de preguntas, las mujeres transitamos en la “Dulce espera”.

Tal vez el cuerpo nos está indicando, que es el momento de interiorizar en nosotras mismas, ya que eso, es lo que pasa los meses posteriores al nacimiento de un hijo, un proceso de interiorización y recogimiento. Un gran transito por nuestra alma y nuestras sombras como mujeres, para posteriormente poder renacer como otra mujer-madre: mejorada y más madura. Paciente, más sabia, y confiada.

Tal vez la “Dulce espera” sea eso, la puerta de entrada a nuestra sombra interior, con sentimientos continuamente encontrados: duda frente a tranquilidad, miedo frente a optimismo, incertidumbre frente a deseo. Sentimientos enfrentados, que es de lo que trata la maternidad.

Difícilmente podemos entender que está sucediendo, según nuestra lógica, hasta que llega el momento del parto: máximo dolor que va de la mano de máxima alegría, y esta paradoja nos ayuda a comprender que tener un hijo es algo sobrenatural , que está por encima de nuestra dimensión y razonamiento humano.

“Dulce espera” o puerta de entrada al rito de Convertirse en madre.

mar 022017
 

Una de las cosas más bonitas de mi trabajo es el momento en que después de un tiempo largo, te vuelves a encontrar con una madre o un padre a los que has atendido el día de su parto.

Su mirada al verte está tan llena de luz, que es difícil imaginarse la magnitud de su ilusión en ese encuentro inesperado. Una mirada que refleja cariño, gratitud, alegría y ganas de saber más de ti como persona y no como el profesional que hay detrás de un pijama blanco.

Compañeras, que responsabilidad tan grande tenemos las matronas entonces, en un sólo instante de la vida que puede durar unas horas, nos podemos convertir en una persona totalmente única para esa pareja, para esa mamá y para ese bebé.

Que trabajo tan maravilloso es el que produce que un reencuentro esté cargado de amor y cariño. Ese momento, tan bonito, el de volver a encontrarnos, y revivir el momento que hemos compartido, aunque breve, uno de los más intensos de la vida. El volver a encontrarnos.

Yo siempre les digo de broma a las amigas que acompaño sus partos…el precio que tendréis que pagar es que os enamorareis de mí, porque siempre te enamoras de tu matrona…ellas y ellos ríen, no lo creen, pero luego ocurre así, como a mí también me ocurrió. Esa es la gran responsabilidad y lo más bonito de nuestro trabajo. Por eso cuando alguien cercano me pide estar presente cuidando el momento de su parto, les pregunto, ¿estás preparada para enamorarte?

nov 042016
 

A veces la vida nos pone delante a grandes personas en el trabajo, mujeres del corazón que comparten sus horas contigo y te animan, te cuidan, te hacen crecer. Mujeres que comparten tu misma pasión, a la que te dedicas todos los días. Siendo generosas contigo regalándote también sus horas.

Escribo este post para agradecer a esas personas que después de una guardia sin descansar, a las cinco de la mañana comentan una situación graciosa y no dejamos de reír en un buen rato, el mejor rato de la noche. Cuando hay que correr, corren contigo. O cuando se necesita llorar, te arropan y te hacen que vuelvas a levantarte. Que te regalan una sonrisa o una conversación agradable por las mañanas.

Amigas que te reconfortan, que te pasan una contestación fuera de tono fruto de la tensión de algún momento. Mujeres que te dan su punto de vista y te explican su manera de ver y vivir la vida. Que te ensañan y te hacen crecer, como profesional y como persona.

Amigas que te regalan el compartir con ellas el nacimiento de sus hijos, el mayor egalo que puede recibir una matrona. Y es entonces cuando te das cuenta de lo afortunada que eres.

A mis mujeres del corazón, para todas ellas, sólo tengo una palabra: GRACIAS.

jul 122016
 

Hace unos días, atendí a una mamá que deseaba que su bebé naciese en el agua. Todo iba de forma favorable para ello, estaba en fase activa de parto cuando llego al hospital y el monitor del bebé era perfecto. Mientras estaba llenando la bañera, oí un grito fuerte. Volví a urgencias y mis compañeras estaban con ella, su bebé estaba con el latido muy bajo y ella con la dilatación completa. Nos volvió a preguntar por la bañera, por el espejo, por la pelota. Y nosotras le decíamos que empujase porque su bebe quería salir. Nació perfectamente con dos pujos.

Pensé como las mujeres siempre queremos hacer cosas, organizarnos y planificarnos… y como el parto es todo lo contrario…aprender a deshacer. Dejar de pensar y planificar. Porque los bebés, amigas, son los que deciden como quieren nacer. No nosotras.

Hoy una de mis mejores amigas ha tenido a su bebé, ella siempre me decía, lo mejor que me puede pasar Ana es que despiertes por la mañana con una foto en el wassap de mi criatura en los brazos. Eso significara que no te he necesitado, que no he necesitado a nadie más que a mi cuerpo para que nazca mi bebé. Así ha sido. Ayer tenía contracciones por la tarde y luego se le pasaron, le conté la historia de la bañera, y le dije que tendríamos que dejar de hacer cosas para permitir que el parto deshaga lo que nosotras montamos y construimos. Porque León ha venido cómo ha querido.

Eso lo vamos aprendiendo las mujeres a lo largo de nuestros embarazos. Mis dos partos han sido totalmente diferentes, desde mi punto de vista maravillosos los dos, pero por maravilloso no entiendo ni facil, ni sencillo, ni corto, los entiendo como vivencias que me han aportado lecciones de vida, con grandes enseñanzas aprendidas. Así, cuando alguna amiga me pide un buen consejo para el parto, siempre le digo: confía en tu cuerpo, porque no me necesitas a mí para parir, déjate llevar por la deriva del parto, y sobre todo, deja de hacer cosas.

may 302016
 

Tres años han pasado, y aun no he podido ordenarlo. No he podido escribirlo, porque no sabía por dónde empezar. Cuando un recuerdo aun es tan doloroso que produce lagrimas, no está preparado para ser ordenado. Pero lo voy a intentar, creo que me lo debo a mi misma, se lo debo a esa madre y también a nuestro bebé.

Ayer tuve una conversación con una amiga, de esas que inspiran, y tal vez pueda empezar por ahí. Me hablo de lo importante que fue para ella El Abrazo, un abrazo que llega a una madre en un momento durísimo de su vida, porque acaba de perder a su bebé, y tú has estado presente, le has acompañado, y ese bebé también te deja a ti, sola, perdida, confundida, hundida. Todo lo que crees como profesional se desbarata, se desmonta, porque la vida está acompañada por la muerte, y eso se olvida, no está presente, necesitamos olvidar eso para seguir trabajando, pero a veces aparece de repente, cruel, injusta, inexplicable.

Empezaré mi relato por mi abrazo, el abrazo que pude dar a esa mamá en un momento que lo ha perdido todo, un abrazo desde lo más profundo de mi alma, con todo mi corazón y mi sentimiento, un abrazo que da algo de sentido a un suceso sin sentido, sin explicación a la lógica, no responde a causa, sin sentido humano.

Un abrazo que ahora valoro como un regalo, de ella hacia mí, por permitirme ofrecerlo, mío hacia ella, por haber tenido el valor para hacerlo.

Un abrazo que me ha ayudado a continuar estos tres años. A volver a creer en la vida, en mí trabajo, en el proceso de nacer. Que me ha hecho crecer como profesional, que me ha hecho saber cómo poder ayudar a compañeras y madres cuando pasan por tragedias similares. Porque esos bebés dejan a sus padres, pero también dejan a sus matronas.

Sé que tú también has continuado hacia delante, has vuelto a ser mamá, con ilusión y valentía. Igual que yo he continuado acompañando como matrona a mujeres con tanto optimismo y confianza en la vida como lo tenias tú.

Ojalá que nuestro abrazo haya podido ser para ti un regalo como lo fue para mí, un regalo que te haya permitido hacerte más fuerte. Que te haya permitido volver a creer en ti, igual que lo hizo conmigo. En un momento que se desmonta todo y solo algo así puede ordenar un sin sentido. Costó, costó mucho, pero la resiliencia aparece de repente en las personas como una flor en primavera, después de la dura nevada de invierno. Porque los bebés dejan a sus padres, pero también dejan a sus matronas.

Desde el cielo, pequeño Enzo, yo también te pienso.