Ana Martín

Soy Matrona del Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles. Aparte del Título de Enfermera Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona), soy Licencia en Antropología Social y Cultural por la Universidad Complutense de Madrid donde también he realizado los Máster Oficiales de Postgrado "Investigación y Cuidados" de la Facultad de Enfermería, y "Mujer y Salud" de la Facultad de Psicología. Actualmente me encuentro desarrollando mi Doctorado sobre "Ansiedad y Maternidad".

mar 302017
 

Rondan las 40 semanas y los sentimientos que genera La Espera están muy presentes. Todas las conversaciones se centran en el gran momento, incierto, excitante, optimista, único. Si la maternidad va de no poder controlar casi nada, y sólo confiar en que las cosas irán bien, la “Dulce espera” es el símbolo cumbre de este rito de paso.

¿Cómo empezará el parto? ¿Mi marido estará trabajando? ¿Quién se quedarán con mi hijo? ¿Qué haré después con mis criaturas? ¿Cómo me enfrentaré al dolor? ¿Cómo será la carita de mi bebé? ¿Qué personalidad tendrá?…inmersa en un océano de preguntas, las mujeres transitamos en la “Dulce espera”.

Tal vez el cuerpo nos está indicando, que es el momento de interiorizar en nosotras mismas, ya que eso, es lo que pasa los meses posteriores al nacimiento de un hijo, un proceso de interiorización y recogimiento. Un gran transito por nuestra alma y nuestras sombras como mujeres, para posteriormente poder renacer como otra mujer-madre: mejorada y más madura. Paciente, más sabia, y confiada.

Tal vez la “Dulce espera” sea eso, la puerta de entrada a nuestra sombra interior, con sentimientos continuamente encontrados: duda frente a tranquilidad, miedo frente a optimismo, incertidumbre frente a deseo. Sentimientos enfrentados, que es de lo que trata la maternidad.

Difícilmente podemos entender que está sucediendo, según nuestra lógica, hasta que llega el momento del parto: máximo dolor que va de la mano de máxima alegría, y esta paradoja nos ayuda a comprender que tener un hijo es algo sobrenatural , que está por encima de nuestra dimensión y razonamiento humano.

“Dulce espera” o puerta de entrada al rito de Convertirse en madre.

mar 022017
 

Una de las cosas más bonitas de mi trabajo es el momento en que después de un tiempo largo, te vuelves a encontrar con una madre o un padre a los que has atendido el día de su parto.

Su mirada al verte está tan llena de luz, que es difícil imaginarse la magnitud de su ilusión en ese encuentro inesperado. Una mirada que refleja cariño, gratitud, alegría y ganas de saber más de ti como persona y no como el profesional que hay detrás de un pijama blanco.

Compañeras, que responsabilidad tan grande tenemos las matronas entonces, en un sólo instante de la vida que puede durar unas horas, nos podemos convertir en una persona totalmente única para esa pareja, para esa mamá y para ese bebé.

Que trabajo tan maravilloso es el que produce que un reencuentro esté cargado de amor y cariño. Ese momento, tan bonito, el de volver a encontrarnos, y revivir el momento que hemos compartido, aunque breve, uno de los más intensos de la vida. El volver a encontrarnos.

Yo siempre les digo de broma a las amigas que acompaño sus partos…el precio que tendréis que pagar es que os enamorareis de mí, porque siempre te enamoras de tu matrona…ellas y ellos ríen, no lo creen, pero luego ocurre así, como a mí también me ocurrió. Esa es la gran responsabilidad y lo más bonito de nuestro trabajo. Por eso cuando alguien cercano me pide estar presente cuidando el momento de su parto, les pregunto, ¿estás preparada para enamorarte?

nov 042016
 

A veces la vida nos pone delante a grandes personas en el trabajo, mujeres del corazón que comparten sus horas contigo y te animan, te cuidan, te hacen crecer. Mujeres que comparten tu misma pasión, a la que te dedicas todos los días. Siendo generosas contigo regalándote también sus horas.

Escribo este post para agradecer a esas personas que después de una guardia sin descansar, a las cinco de la mañana comentan una situación graciosa y no dejamos de reír en un buen rato, el mejor rato de la noche. Cuando hay que correr, corren contigo. O cuando se necesita llorar, te arropan y te hacen que vuelvas a levantarte. Que te regalan una sonrisa o una conversación agradable por las mañanas.

Amigas que te reconfortan, que te pasan una contestación fuera de tono fruto de la tensión de algún momento. Mujeres que te dan su punto de vista y te explican su manera de ver y vivir la vida. Que te ensañan y te hacen crecer, como profesional y como persona.

Amigas que te regalan el compartir con ellas el nacimiento de sus hijos, el mayor egalo que puede recibir una matrona. Y es entonces cuando te das cuenta de lo afortunada que eres.

A mis mujeres del corazón, para todas ellas, sólo tengo una palabra: GRACIAS.

jul 122016
 

Hace unos días, atendí a una mamá que deseaba que su bebé naciese en el agua. Todo iba de forma favorable para ello, estaba en fase activa de parto cuando llego al hospital y el monitor del bebé era perfecto. Mientras estaba llenando la bañera, oí un grito fuerte. Volví a urgencias y mis compañeras estaban con ella, su bebé estaba con el latido muy bajo y ella con la dilatación completa. Nos volvió a preguntar por la bañera, por el espejo, por la pelota. Y nosotras le decíamos que empujase porque su bebe quería salir. Nació perfectamente con dos pujos.

Pensé como las mujeres siempre queremos hacer cosas, organizarnos y planificarnos… y como el parto es todo lo contrario…aprender a deshacer. Dejar de pensar y planificar. Porque los bebés, amigas, son los que deciden como quieren nacer. No nosotras.

Hoy una de mis mejores amigas ha tenido a su bebé, ella siempre me decía, lo mejor que me puede pasar Ana es que despiertes por la mañana con una foto en el wassap de mi criatura en los brazos. Eso significara que no te he necesitado, que no he necesitado a nadie más que a mi cuerpo para que nazca mi bebé. Así ha sido. Ayer tenía contracciones por la tarde y luego se le pasaron, le conté la historia de la bañera, y le dije que tendríamos que dejar de hacer cosas para permitir que el parto deshaga lo que nosotras montamos y construimos. Porque León ha venido cómo ha querido.

Eso lo vamos aprendiendo las mujeres a lo largo de nuestros embarazos. Mis dos partos han sido totalmente diferentes, desde mi punto de vista maravillosos los dos, pero por maravilloso no entiendo ni facil, ni sencillo, ni corto, los entiendo como vivencias que me han aportado lecciones de vida, con grandes enseñanzas aprendidas. Así, cuando alguna amiga me pide un buen consejo para el parto, siempre le digo: confía en tu cuerpo, porque no me necesitas a mí para parir, déjate llevar por la deriva del parto, y sobre todo, deja de hacer cosas.

may 302016
 

Tres años han pasado, y aun no he podido ordenarlo. No he podido escribirlo, porque no sabía por dónde empezar. Cuando un recuerdo aun es tan doloroso que produce lagrimas, no está preparado para ser ordenado. Pero lo voy a intentar, creo que me lo debo a mi misma, se lo debo a esa madre y también a nuestro bebé.

Ayer tuve una conversación con una amiga, de esas que inspiran, y tal vez pueda empezar por ahí. Me hablo de lo importante que fue para ella El Abrazo, un abrazo que llega a una madre en un momento durísimo de su vida, porque acaba de perder a su bebé, y tú has estado presente, le has acompañado, y ese bebé también te deja a ti, sola, perdida, confundida, hundida. Todo lo que crees como profesional se desbarata, se desmonta, porque la vida está acompañada por la muerte, y eso se olvida, no está presente, necesitamos olvidar eso para seguir trabajando, pero a veces aparece de repente, cruel, injusta, inexplicable.

Empezaré mi relato por mi abrazo, el abrazo que pude dar a esa mamá en un momento que lo ha perdido todo, un abrazo desde lo más profundo de mi alma, con todo mi corazón y mi sentimiento, un abrazo que da algo de sentido a un suceso sin sentido, sin explicación a la lógica, no responde a causa, sin sentido humano.

Un abrazo que ahora valoro como un regalo, de ella hacia mí, por permitirme ofrecerlo, mío hacia ella, por haber tenido el valor para hacerlo.

Un abrazo que me ha ayudado a continuar estos tres años. A volver a creer en la vida, en mí trabajo, en el proceso de nacer. Que me ha hecho crecer como profesional, que me ha hecho saber cómo poder ayudar a compañeras y madres cuando pasan por tragedias similares. Porque esos bebés dejan a sus padres, pero también dejan a sus matronas.

Sé que tú también has continuado hacia delante, has vuelto a ser mamá, con ilusión y valentía. Igual que yo he continuado acompañando como matrona a mujeres con tanto optimismo y confianza en la vida como lo tenias tú.

Ojalá que nuestro abrazo haya podido ser para ti un regalo como lo fue para mí, un regalo que te haya permitido hacerte más fuerte. Que te haya permitido volver a creer en ti, igual que lo hizo conmigo. En un momento que se desmonta todo y solo algo así puede ordenar un sin sentido. Costó, costó mucho, pero la resiliencia aparece de repente en las personas como una flor en primavera, después de la dura nevada de invierno. Porque los bebés dejan a sus padres, pero también dejan a sus matronas.

Desde el cielo, pequeño Enzo, yo también te pienso.

abr 192016
 

Mamá no sé que me ha pasado, pero de repente estaba tan contenta en tus brazos y he dejado de respirar. Mis manos se han dejado de mover y he notado como mi corazón ya no latía.

Mamá no sé que me ha pasado, pero no respondía cuando me estabas llamando, no te podía contestar. Luego todo ha sido muy rápido.

Muchas personas vestidas con uniforme raro han venido a por mí, me han puesto en una cuna extraña con muchos cables, todo pitaba, yo seguía quieta. Ellas con cara muy seria.

Mamá no sé que me ha pasado, pero mi corazón ya no funcionaba, mis pulmones no tenían aire y no podía oír nada.

De repente ha llegado ella, vestida de blanco, como un ángel. Sí mamá, la persona que me ha salvado la vida. Ella estaba llena de valor. Ha actuado muy rápido, sin dudar. Me ha puesto un tubo para que volviese a respirar, y he notado como mi corazón volvía a funcionar. Mis mejillas volvían a ser rojitas, y podía notar otra vez mis deditos.

Mamá no sé si te acordaras, pero la chica que me ha salvado era ella, la niña con la que te metías continuamente en el colegio. Un día y otro, haciendo sus días muy difíciles y a veces dolorosos. Caprichoso el destino cuando dicen que las cosas no ocurren por casualidad… Y ahora ella ha salvado mi vida. Ha sido tan valiente, tan buena profesional, que me ha regalado la oportunidad de la vida.

Mamá, esa chica de la que te reías de niña, la empollona, la gafotas… esa, hoy ha salvado mi pequeña vida.

abr 162016
 

Cuando atiendes el nacimiento de alguna persona querida, tu capacidad de decisión, objetividad y toma de decisiones, están condicionadas por el sentimiento. A veces este sentimiento no es beneficioso, porque te hace ver las cosas con poca claridad, precipitarte en ocasiones o tomar decisiones que en condiciones objetivas no tomarías.

Para esto están los compañeros de viaje, tan importantes e imprescindibles en esta situación que con su presencia, hacen que crezcas, te sientas seguro y confiado. Te dan la mano, te arropan o hacen que pares.

Un abrazo en un momento determinado, una llamada o un wassap, un…te preparo un café?…una sugerencia: estaría bien que la mirases, o simplemente un…animo Ana que esto va muy bien. Es fundamental para levantarte otra vez y continuar andando. Para seguir confiando en que todo irá bien, como hay que confiar siempre en todos los partos.

En un nacimiento de alguien querido, la responsabilidad y la incertidumbre te acompañan desde el minuto cero. Una mochila tan pesada que es más fácil de llevar cuando te ayudan buenos compañeros de viaje.

La obstetricia es impredecible, y una situación que va perfectamente puede torcerse de repente en cualquier momento. Eso lo sabemos todos los que nos dedicamos a esto, como sabemos que no entiende de conocimientos, posiciones, ni profesiones…sólo del destino que le toca a cada mujer. Por eso la mochila de la responsabilidad a veces se torna muy pesada, como si de piedras estuviese cargada, empujándola sin saber lo que te espera a la vuelta.

Desde aquí quería dar las gracias a mis compañeras del viaje de hoy: volver mi cabeza y saber que ahí os tenía, que ibais a pelear por su parto tanto o más que yo, que sólo bastaba con que os mirase para pediros ayuda o un relevo. Me ha hecho grande, fuerte y valiente. Mi mochila más ligera, compartida y fácil de llevar. Para poder llegar a tiempo, segura y contenta a mi estación.

Gracias por compartir vuestro billete de viaje conmigo.